Cempasúchil, una bella leyenda convertida en flor.

Xochitl y Huitzilin se amaban desde que eran niños, juntos crecieron y con la edad también su amor. Cada tarde subían a la cima de una gran montaña para llevar y ofrendar flores a Tonatiuh.

El sol padre parecía sonreír al regalo de los amantes que juraron amarse a sí mismo más allá del tiempo, más allá de la distancia y más allá de la muerte.

Un día llegó la guerra y los amantes se separaron, pronto llegó la noticia de que Huitzilin fué y había muerto en la guerra, cuando Xochitl se enteró sintió que su corazón latía con mucho dolor, subió a la montaña, desesperada le reclamó a Tonatiuh y le pregunto:

¿Que sucedió padre? ¡Yo no podré vivir sin el!

El padre sol al ver la tristeza reflejada en el rostro, tocó y extendió uno de sus rayos para tocar y acariciar a la joven, en ese momento ella se transformó lentamente hasta quedar convertida en una flor de colores tan intensos como los rayos del sol.

Entonces Huitzilin vino del más allá ya en forma de colibrí, se instaló amorosamente en el centro de la flor y se unió eternamente en ella, al instante, la flor se abrió en tupidos pétalos desprendiendo un aroma muy intenso y a la vez misterioso …

Asi dicen que nació la flor de Cempasúchil, la flor de los muertos.